La importancia del afecto

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El desarrollo de las relaciones amorosas y cariñosas como también de un apego seguro es muy importante debido a que si este no existe se ha demostrado que predice el desarrollo de problemas de conducta.

El Programa de Parentalidad Positiva Triple P, de la Universidad de Queensland, Australia, nos propone tres estrategias para desarrollar relaciones positivas con nuestros hijos: destinar tiempo de calidad, hablar con ellos y demostrar afecto.

Las relaciones son dinámicas y en ese sentido las relaciones con nuestros hijos pueden cambiar para bien o para mal dependiendo de como implementemos dichas estrategias. Aplicarlas apropiadamente nos ayudará a tener hijos bien adaptados, con buena conducta, al mismo tiempo sintiéndose amados y seguros.

Pasar tiempo de calidad con nuestros hijos no significa salidas o actividades largas o costosas, por el contrario, se trata de breves momentos juntos cada día realizando cosas simples, estando disponible para tu hijo o hija cuando te necesita. Los hijos valoran el que estés 100% presente cuando estás junto a ellos, el que te vean disfrutar los momentos que comparten, sin importar que sea por un tiempo reducido, siendo aquello mucho más valioso a que le destines un día completo y te lo pases hablando por celular o distraído porque estás pensando en el trabajo que no has terminado y que debes retomar.

Conversa con tus hijos y aborda temas de interés para ellos. Puedes comenzar descubriendo sobre qué les gustaría hablar, y por qué no preguntándoles directamente. Al igual que en la primera estrategia, es importante estar presente, poniendo en práctica la escucha activa, parafraseando o repitiendo partes de lo que te dicen en señal de que estás escuchando e interesado en comprender de mejor forma. Coloca atención al lenguaje no verbal que muchas veces nos entrega más información que las propias palabras, mantente cerca, a un brazo de distancia, a su misma altura, haciendo en todo momento contacto visual, tócale un hombro o abrázalo cuando corresponda.

Finalmente, el afecto es fundamental para formar vínculos, para crear confianza y para preparar a los niños para la intimidad en sus vidas adultas. La forma en que demostramos afecto físico puede ser diferente para cada niño o niña, igualmente para ti si te comparas a como lo hacen  otros padres que conozcas. Lo importante es encontrar la forma en que todos se sientan cómodos, por ejemplo, un abrazo, un beso en la frente o en la mejilla, tomarse de las manos, acurrucarse o algo tan simple como hacerse cosquillas.

La base radica en crear un ambiente cálido, predecible y seguro.

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